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Dalmacia Sur
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1.día / Dubrovnik
2.día / Dubrovnik - Mljet
3.día / Mljet - Hvar
4.día / Hvar - Split
5.día / Split - Korkula
6.día / Korkula - Dubrovnik
7.día / Dubrovnik
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Puerto de Salida Dubrovnik:
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Fundada hace 1.300 años,
el encanto de Dubrovnik reside en el antiguo barrio de Stari
Grad, con sus pavimentos de mármol, sus empinadas calles
adoquinadas, sus casas altas, conventos, iglesias, palacios,
fuentes y museos, todos tallados en la misma piedra de
tonalidad clara. La antigua muralla, remodelada junto al casco
antiguo tras el terremoto de 1667, mantiene alejados a los
conductores. Gracias a su ubicación en el extremo meridional
de la costa adriática, la urbe cuenta con un clima agradable
y una vegetación exuberante. Aunque sufrió duros bombardeos
en 1991, Dubrovnik ha seguido un ambicioso plan de restauración
coordinado por la Unesco, que había añadido la ciudad
antigua a su catálogo en 1994. Los viajeros que la han
visitado recientemente afirman que ahora ofrece un mejor
aspecto.
La Placa, su hermoso paseo, se extiende desde la parada de
autobús que se encuentra en el exterior de la puerta del
pilar hasta la torre del reloj, al otro lado de la urbe. En el
interior de la puerta del pilar el monasterio franciscano
alberga una farmacia que lleva despachando desde 1391. En el
extremo opuesto de la Placa se halla la iglesia de San Blas,
precioso edificio del barroco italiano, y el palacio gótico
de la rectoría, construido en 1441. Este palacio es ahora un
museo con habitaciones amuebladas, pinturas barrocas y
exposiciones históricas. Justo enfrente se emplaza un animado
mercado que abre por las mañanas. Las murallas de Dubrovnik
fueron construidas entre los siglos XIII y XVI y han
permanecido intactas hasta la actualidad. Probablemente se
trate de la fortificación más hermosa del mundo; mide más
de 2 km de largo y 25 m de alto, y cuenta con 16 torres. Ningún
otro lugar ofrece un paisaje como éste. Un paseo alrededor de
la muralla supone uno de los mayores placeres que aporta esta
ciudad.
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Segundo día Miljet:
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Una tercera parte de la
estrecha isla de Mljet forma un parque natural. Entre sus
mayores atractivos destacan dos lagos de agua salada rodeados
de pequeñas laderas cubiertas de pinos. Puede visitarse en un
solo día pero si uno pasa la noche en la isla, podrá
disfrutarla a solas. En medio del lago más extenso se emplaza
una isla; llegar hasta ella supondrá disfrutar de un almuerzo
en el monasterio benedictino del siglo XII, hoy convertido en
el hotel del parque. Mljet es el lugar ideal para nadar y
tomar el sol o alquilar una bicicleta y darse una vuelta por
el parque. Se encuentra a unos 15 km de la costa adriática
meridional de Croacia, a medio camino entre Korcula y
Dubrovnik, desde donde también se puede llegar en ferry.
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Tercer día Hevar (lesina):
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Isla dálmata perteneciente a Croacia,
que se encuentra fuera de los centros turísticos de la rivera
de Makarska. Abarca un área de 287 km² y es la Madeira de
Croacia, pues produce Vino, miel, uvas, aceitunas, higos, dátiles
y mármol. La ciudad de Hvar tiene una catedral barroca, una
fortaleza del siglo XVI y un monasterio franciscano. Starigrad
es el principal puerto de transbordadores de la isla. Su
población es de 20.000 habitantes.
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Cuarto día Split
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Situado 150 km al norte de Dubrovnik,
Split aparece como el centro de la provincia de Dalmacia. Se
trata de la ciudad más grande de la costa adriática croata.
Fue fundada en el siglo IV, cuando el emperador Diocleciano,
conocido por su costumbre de arrojar a los seguidores de Jesús
a los leones, construyó su palacio de verano. Cuando los bárbaros
abandonaron la vecina colonia romana de Salona, muchos de sus
habitantes huyeron a Split y se escondieron detrás de los
altos muros del palacio. Split se ha convertido en una ciudad
industrial, pero su casco antiguo, la alegría que se respira
y la gran cantidad de lugares de interés que ofrece hacen de
ella una de las urbes más fascinantes de Europa.
El palacio de Diocleciano se alza como uno de los restos de
arquitectura romana más impresionantes del mundo. En
realidad, se trata más de una fortaleza que de un palacio; su
muralla medía antiguamente 215 por 180 m y, en su interior,
se encontraban la residencia imperial, los templos y un
mausoleo. Todavía se puede apreciar el vestíbulo del palacio
original, la plaza con su columnata, el templo de Júpiter y
los restos del mausoleo de Diocleciano, ahora convertidos en
catedral. En el exterior permanecen algunos edificios
medievales, entre ellos el Ayuntamiento del siglo XV. Se podría
pasear durante horas por el complejo histórico, declarado
Patrimonio de la Humanidad en 1979, y donde la animada vida
diaria parece desarrollarse en un museo al aire libre.
El Museo Marítimo, uno de los más interesantes de la urbe,
está situado en el interior de una fortaleza del siglo XVII.
Alberga una gran colección de mapas, artefactos y maquetas.
También merece la pena visitar el Museo Arqueológico ; parte
de su colección se expone en el exterior. La Galería
Mestrovic posee una colección extensa y muy bien organizada
del escultor croata más importante.
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Quinto día Korcula
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La isla de Korcula está poblada de
abundantes viñedos y olivos; su costa meridional la conforman
pequeñas playas y tranquilas cuevas. La ciudad de Korkula
aparece como una típica villa medieval dálmata, con torres
rojas de defensa y casas apiñadas de tejados también
colorados.
En la plaza de la catedral se intuye una fuerte influencia
veneciana; incluso posee su propia catedral de San Marcos, con
dos pinturas de Tintoretto. Junto a la seo se alza el palacio
de la abadía, del siglo XIV, donde se conserva el tesoro de
la ciudad; justo enfrente se encuentra el palacio Gabriellis
(siglo XV) donde en la actualidad se ubica el Museo de la
Ciudad, lugar en el que se exponen objetos de alfarería
griega, cerámicas romanas y mobiliario. Según la oficina de
turismo local, Marco Polo nació en la urbe, y hasta se puede
echar un vistazo a la casa donde vivió.
Desde la ciudad es posible desplazarse a Lumbarda, una
pintoresca localidad al sureste de la isla, que ofrece una
bonita playa y está rodeada de viñedos que producen un vino
blanco seco. También se puede llegar en fueraborda hasta la
isla de Badija, donde existe una playa nudista. Pasar la noche
en Badja incluye la experiencia de pernoctar en un monasterio
del siglo XV, hoy convertido en hotel.
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Sexto y septimo dia vuelta de
Korcula a Dubrovnik
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A su regreso puede disfrutar del sol en
sus playas, pero desplazarse en ferry hasta la isla de Lokrum
puede resultar una alternativa más interesante. Toda la isla
está catalogada como parque nacional, con una playa rocosa
para nudistas, un jardín botánico y las ruinas de un
monasterio benedictino. La forma más económica de pernoctar
en Dubrovnik supone aceptar la oferta de alojamiento privado
que se ofrece en la terminal del ferry, ya que los hoteles son
mucho más caros.
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